Mario R. Camejo Febres-Cordero nació en la ciudad de Mérida, Venezuela. Para ese entonces una ciudad muy hermosa ubicada en una planicie al lado de las “Cinco Águilas Blancas”, la famosa Sierra Nevada inmortalizada por el insigne escritor Don Tulio Febres-Cordero.

Les cuento que desde muy pequeño me gustó leer y sobretodo las biografías; hoy en día siguen siendo mis lecturas favoritas. Recuerdo que papá tenia en su biblioteca varias biografías y, no sé por qué, era lo que más me llamaba la atención leer. Yo comenzaba a leer alguna de ellas y me escondía para que no me molestaran mientras la estaba leyendo, pero lo simpático del asunto es que, por lo general, eran libros con un buen número de páginas, ¡ahh! entonces, para leer más rápido, de un solo golpe brincaba un pocotón de páginas y así, las terminaba de leer más rápido, para comenzar con la siguiente… ¡Jajajajaja! En la medida que fui creciendo las releía, pero completas… ¡Jajajaja!

Cuando tenía 11, 12 añitos, me gustaba escribir, pero, y que “poesías” para las chicas que me gustaban, pero nunca se las entregaba. Cuando comencé a estudiar en la universidad, me tuve que mudar a otra ciudad para estudiar la carrera de Ingeniería Química. Esa ciudad, Cumaná, quedaba al otro extremo de mi país; nunca, antes, había estado allí y no conocía a nadie. Llegué a vivir en una pensión. Para ese entonces una editorial comenzó a publicar todas las semanas novelas famosas, pero en formato muy económico; yo ahorraba para comprarlas y poco a poco las iba leyendo. Vivía en una época de muchos cambios culturales que influenciaban en las conductas de nosotros, los jóvenes; estoy hablando de finales de la década de los 60 y los años 70, siglo pasado… ¡Ufff!  Sonó duro eso del siglo pasado… El gusanito de la escritura ya lo tenía en mi mente. Tengo una anécdota de algo que me ocurrió en ese entonces y que para ese momento no le di la más mínima importancia, pero, después de muchos años, comprendí el sentido.

Lo sucedido: estando ya en segundo año en la universidad, veíamos, además de las materias básicas correspondientes a la carrera, también materias humanísticas; una de ellas fue literatura. El profesor, de quien, lamentablemente no me recuerdo su nombre, hacía sus clases bastantes dinámicas poniéndonos a discutir y escribir sobre algunos temas y obras en particular. En un momento dado, nos mandó a leer y hacer un ensayo tanto del “Ulises” del irlandés James Joyce, como de “La Metamorfosis” del austrohúngaro Franz Kafka; esta última yo ya me la había leído. Cada ensayo valía como un examen. Sin ánimo de parecer presuntuoso, en esos dos trabajos saqué excelente nota. Al final del curso el profesor me llamó aparte y me preguntó que, qué iba yo a estudiar y le respondí que Ingeniería Química y algo que nunca se me ha olvidado, me dijo, “Usted está equivocado, debería de estudiar letras” o literatura… Quizás él veía en mi lo que yo ni siquiera le había prestado la más mínima importancia … El gusanito de la escritura ocasionalmente hacía alguna bulla dentro de mí, pero sin que yo le prestase la mayor atención.

Otra anécdota: en uno de estos días buscando una información en mi biblioteca, me topé con un cuaderno que tiene conmigo desde mi época del posgrado; estamos hablando de finales de los años 70 s.XX … ¡Ufff! Historia patria… ¡Jajajajaja! pero que no lo había tocado por años. Se me ocurrió abrirlo y, justamente, en la primera página y en las primeras líneas… ¿A qué no saben lo que vi?... me encontré con la siguiente frase, “¡Al fin! Al fin comienzo lo que desde hace tiempo he estado por hacer, ¡ESCRIBIR!”... 21 de agosto de 1979… sí, escribí algunas reflexiones y de nuevo paré. Estaba haciendo mi posgrado en Francia, refinación petrolera… nada más alejado de la escritura, a menos que sea la de los apuntes… y estaba iniciando la segunda etapa que me demandaba mucha atención así que… chao, gusanito, no seguí escribiendo, me dediqué de lleno a terminar el posgrado.

Algo que me llamó mucho la atención desde muy joven fue el tema sobre política petrolera y comencé a interesarme en esa materia a partir de haber leído el libro “Aves de rapiña sobre Venezuela” de Norman H. Dupray; yo tenía apenas 14 años. Es un libro sobre historia contemporánea de Venezuela, pero en el que, además del tema principal, usaba como telón de fondo el asunto de la política petrolera, en nuestro país. Ya desde antes de irme de posgrado venía involucrándome en la lectura sobre ese tema; igual la continué cuando estaba afuera. Cuando regresé, comencé a trabajar en una empresa petrolera e inicié la creación de mi propio archivo sobre información tanto técnica como de política petrolera.

De nuevo apareció el gusanito de la escritura, pero esta vez haciendo mucha más bulla y decidí comenzar a escribir artículos sobre política petrolera. Tuve la suerte que mi primer artículo fue publicado por uno de los diarios más importantes del país y así un segundo y un tercer artículo…

Estando invitado a cenar en casa de unos compadres, conocí a una periodista muy reconocida para ese entonces, de hecho, se acaba de ganar el premio nacional de periodismo en radio. Conversamos de todo y por supuesto no faltó el tema petrolero. Al final me invitó a uno de sus programas en radio para entrevistarme sobre ese particular. Acepté, tuvimos el programa de una hora de duración y dos días más tarde me llama y me dice que el programa había tenido muy buena receptividad y que me quería invitar de nuevo; volví a aceptar y nuevamente fue muy receptivo el programa… ¿Y a qué no saben que ocurrió?... Me invitó a que tuviésemos juntos un programa en la radio. Comenzamos a hacerlo, era un programa de entrevistas. Me saqué mi título de locutor. Hicimos varios programas hasta que un día por causa mayores, ajenas a mi voluntad, la llamé y le dije que no podía continuar con el programa y lo peor de todo, es que tuve también que parar de escribir los artículos; ya había escrito varios para un periódico de mi ciudad natal y otros para una revista que estaba comenzando a ser publicada, en la capital…. Otra vez la escritura, con gusanito y todo, para el congelador.

Me imagino que están atentos con la historia, pero les tengo una muy buena noticia: la semana que viene en “MEGUSTÓELCUENTO” continuaremos con la segunda parte: Cómo y por qué comencé con el podcast.